LA GARITA O LA MOFA PROHIBIDA

 

 

 La garita


Hacía mucho tiempo que no se estrenaba en televisión un programa tan divertido. Formato mutante de revisión de momentos catódicos, con humor a tope, trama de seguratas y guión redondo. Como todos los programas de este tipo, La garita tiene al mismo tiempo algo de nostálgico y algo de burlón -o mucho-, porque, ¿para qué va a servir lo absurdo de un medio absurdo que se expande en el tiempo sin acaso memoria? La garita es un ejemplo de ingenio y de entretenimiento de calidad en medio de la pobre parrilla general, muy lejos del nihilismo espectacular de otros programas cómicos, con un sentido del chiste muy a la antigua, muy efectivo, con una humildad insuperable. El minimalismo del programa funciona hasta el punto de dar en la diana, de aislar al espectador de los problemas y conseguir una intimidad muy especial donde el arte del comentario fluye a sus anchas y los saltos en el tiempo -derivados de una selección de videos de muy distintas épocas- hacen homogéneo un peculiar punto de vista que arraiga con fuerza en el público, hasta hacerse imprevisible y brutalmente ameno. 

Uno de los seguratas (Álex Clavero) es profano en cultura televisiva, el otro (J. J. Vaquero) es un friki que lo ha visto todo y desea enseñárselo a su compañero que, en realidad es el mismo espectador (o su más fiel metáfora). Se descojonan de Muchachada Nui, de lo cutre de Águila Roja, recuperan a Félix el Gato (e incluso le traen al programa como personaje), se burlan del infantilismo de The Floor, se mofan de la mítica actuación del Príncipe Gitano versionando a Elvis, se parten con la famosa tertulia del milenarismo de Fernando Arrabal -borracho como una cuba-, se mean de risa con la actuación y entrevista mítica de Almodóvar y McNamara, disfrutan con la estética del mundo de Curro Jiménez y mueren a carcajadas visionando programas de otras dimensiones como Mapi y el Grand Prix. Todo esto, para pasar un buen rato a partir de contenidos esplendorosos de TVE. Qué habrá ocurrido en los despachos, qué chiste se le habrá atravesado a algún famosete o qué tipo de zopencos habrán pataleado en las redes sociales -y de qué manera- para que una cosa tan bella como La garita, haya sido dado de baja. Apartada. Defenestrada. La cuestión parece increíble, absurda,  irreal. El absurdo comiéndose al propio absurdo, ¿no tiene TVE suficiente sentido del humor para tragarse su propio ridículo o es que tienen miedo de su propia audiencia y se someten a sus caprichos melífluos? Tal vez prefieren programas y series para niños de tres años para seguir infantilizando a una sociedad (la española que ve la tele) que dentro de muy poco va a tener que usar un chupete mental, de tan blancos que quieren hacer los programas. Pues eso, a ver programas de perros.

 Lo breve, si bueno, dos veces bueno.

 Vale.






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