ALLAN KAPROW: SI LEVANTASE LA CABEZA Y VIERA SU PROPIA BROMA

 

Limpiar es desplazar la energía, escribir es desplazar el arte a las palabras. Hay que destruir la noción de autor, de autoridad, ¿de quién es la materia? Ordenar la materia de formas sublimes es tarea del artista. Educar en arte es hacer preguntas, ampliar los límites de la mente. Las cosas antes del arte no tienen más que un sentido literal. El arte es lo antiliteral. El artista no necesita estar presente en la exposición cuando esta se exhibe, ¿qué puede aportar él más que como una obra añadida? El arte puede abandonarse cuando uno lo ha experimentado, lo ha vivido. El Arte-Arte es aquello que ya no depende de la vida para existir, el Anti-Arte es aquella estética que se camufla en la propia vida y el No-Arte sería aquello que fluye como el aire con un halo estético aún no cazado. El Arte sólo nace de la originalidad, nunca de la repetición; sólo la ruptura funciona como ingenio. Todo el Popart pertenece a la publicidad y los supermercados. Todo el minimalismo pertenece a las revistas de decoración y a los arquitectos de interiores. Todo el hiperrealismo pertenece a la pornografía. Lo cotidiano debe utilizarse para hacer realidad el arte. La vida es caos y el ser estético debe ser heterogéneo, hijo de un collage. El público completa la obra, la realidad, completa la obra: el artista sólo puede proponer una ficción útil con la que jugar, con la que poner en funcionamiento nuevas ideas que -por otro lado. no tienen dueño-. El arte puede encontrarse en muchos lugares donde no habíamos mirado. Hacer y deshacer la cultura es el trabajo del artista. El arte debe ser inteligente por naturaleza: la naturaleza es un eco de nosotros mismos,  pero ¿quiénes somos nosotros mismos? Potencialmente el ocio genera ejércitos de artistas, individuos con tiempo para encontrar, pero ¿quién sacrificaría su vida por eso? Un arte en contra de la réplica, el serialismo, lo industrial, lo comercial. No se trata de imitar las apariencias sino de hacer vivas las ilusiones. El mundo ha sido duplicado y anticipado, ¿cuál es el mundo real? El artista -como mago- debe embrujar para desnudar las apariencias, hacer parodias de la realidad, desplazar los contextos. El artista como guía turístico del mundo sensible-sublimado: acercar al público a los ruidos cotidianos, a la música de la electricidad, a las sombras, a la voz, a la paranoia. Lo invisible nos rodea. Transportar cajas de obras de arte vacías hasta museos para que las expongan, tirar objetos por la ventanilla del coche, desnudarse, vestirse, respirar, relajarse, hacer fotocopias, hacer agujeros, hablar, escribir, diseñar un hotel, crear un anuncio, describir un coche, seguir una linea, limpiar una calle, inventar un mordedor de pesas, hacer crucigramas, colocar sillas, teorías en cuadernos y mesas en una habitación sin ventanas, hablar con una tubería, conversar con una liebre, derruir el muro de tu habitación, hacer un agujero en el casco de un barco, planchar, repetir un gesto, doblar ropa, caminar, dialogar sobre arte o sobre cualquier otra cosa -dándole un sentido sublimado, irónico o místico- es arte. Estética + Inteligencia + Humor = arte. Podría ser una fórmula. Pero, ¿debería ser el artista un educador de esta práctica indisciplinada de la ocurrencia estética? ¿debería ser el Arte una forma de terrorismo cultural ante un cultura condescendiente e infantil atrapada por las viejas formas y viejos valores? ¿debería ser la identidad una nueva forma de arte? ¿podría ser Allan Kaprow una contradicción de sí mismo, un sabotaje íntimo -una broma de mal gusto- lanzada al porvenir para que alguien la averigüe y se parta de risa al comprobar que parte del mundo se ha convertido en lo que él imaginó como divertimento? Redefinir el arte hasta convertirlo en un hobby-horse, un pasatiempo.

 

 


 

 

 

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