MELODY O LA POBREZA
La pobreza de Melody
El oro hace soberbios,
y la soberbia, necios.
Refranero español
En 2025 se ha celebrado la 69 edición de Eurovisión, un festival de música ideado por la OTAN en 1956, como una estrategia popular para promocionar la eurozona en la que participar mayoritariamente cadenas públicas. Así, hay que entender que Eurovisión es en un primer sentido, un negocio televisivo, una competencia entre cadenas públicas; un concurso de cadenas públicas enmascarado en el rostro de cantantes de índole dispar. En esta edición ha ganado el austríaco Johannes Pietsch por una canción neoperística llamada Wasted Love. En el caso de España, la canción Esa Diva de la sevillana Melody ha quedado la número 24 de 26, o sea, en antepenúltima posición. Hasta ahí, todo bien. Las actuaciones salieron bien y unas veces se gana y otras se pierde. La cosa es que a la vuelta de la cantante española, todo se ha enrarecido, hasta el punto de armar un verdadero circo fraudulento en su rueda de prensa oficial ante todos los medios del país.
Tal vez no haya algo tan espeluznante como esto: ver a alguien dolido por no haber conseguido su meta, echando culpas a los demás por pura frustración, lanzado pelotas fuera, pasando la patata caliente como si de una bomba de relojería se tratase, argumentando una falta de sectarismo e idolatría en pos de algo vacuo, efímero, banal. Un desbarajuste. Melody, durante toda la la rueda de prensa, se convierte en un personaje esquizofrénico que alterna los besos con las puñaladas traperas a diestro y siniestro, ejerciendo un zafio sarcasmo muy barriobajero. Y todo, aparentemente, por unos deficientes resultados en Eurovisión que quizás, ensucian su imagen o su ego. Para Melody, el fenómeno de la ilusión es lo más importante, ilusión entendida como disfraz, falsa realidad, imagen construida. Melody quiere dar gato por liebre de la manera más obstusa, intentando imponer sus ideas de manera zafia e infantil. De hecho, parece una especie de Mussollini, gesticulando de manera artificial, exagerando su apariencia hasta crear algo monstruoso.
Melody aparece como una falsa líder encarnando un carisma exagerado, obsesionada por instalar una serie de ideas referentes a su persona en la audiencia popular. Para ello, despliega un discurso de emociones baratas para ganarse el favor de las pasiones superficiales del público. Sin motivo aparente, ataca a la institución de RTVE, culpándola de faltas de libertad en su actuación y por la imposición de unas condiciones misteriosas que nunca llega a aclarar. Melody busca romper el tono blanco del fenómeno eurovisivo para convertirlo en un formato vergonzoso al estilo de Tómbola o Sálvame; se convierte en una máquina de vulgaridad. Cree que está en un programa de falsas polémicas donde se reivindican falsos cebos que sólo buscan audiencia y que suelen arraigar en las clases más humildes de los espectadores, secuestrados por los mensajes sentimentales y falsas promesas. De hecho, en uno de los momentos más obscenos del evento, menciona dos mensajes recibidos tras la actuación procedentes de una madre con un niño autista y una chica pendiente de un trasplante de médula. Esa es la guinda del pastel populista que Melody ofreció al personal: una Belén Esteban 3.0. Una ilusión alarmante, tal vez, la verdadera Melody.
El teatrillo protagonizado por la sevillana roza lo inaceptable, generando un nivel de vergüenza ajena tal, que incluso al más insensible le haría enrojecer. Melody se pierde en el mundo de la falsedades y los equívocos, cubriéndose de una frivolidad inmotivada que acaba desembocando en la misma mentira. De hecho, uno de los momentos estelares es aquel en el que es preguntada por la presencia de Israel en el concurso. Ella, cargada de un exceso de confianza, saca un papel para leer una de las condiciones del contrato donde supuestamente RTVE no le permitiría opinar sobre asuntos políticos. Lo cuál, además de falso, es una treta de Melody que nadie puede entender, pues al ser un asunto fácilmente verificable, ¿por qué soltar cualquier barbaridad en vez de dar su simple y llama opinión? Por eso, de inmediato, RTVE publicó un comunicado desmintiendo la burrada de la sevillana que un día después, publicaría un contracomunicado, abanderándose de buenos sentimientos y mensajes de paz mundial. Melody está actuando como una Miss Mundo enloquecida en medio de su efímera gloria, intentando forzar la realidad de la manera más burda para ganarse el aplauso de un público en realidad inexistente.
Por eso tal vez la responsable de Eurovisión y los directivos de RTVE sentados a su lado no la interrumpieron ni una sola vez; tal vez decidieron que sería mejor que ella misma se tirase -si así era su deseo- desde lo alto del acantilado. Ahora mismo la cantante cae en caída libre hacia ningún lugar, empujada por sus propias artimañas, por sus engaños, su educación soez y su pobreza humana. De hecho, a día de hoy se sabe que todo era una vulgar estrategia, una manera de hacer ruido para preparar una serie de apariciones de la cantante en distintas cadenas privadas, acciones por otro lado, silenciadas y disfrazadas por la actriz con temas delicados como la conciliación familiar o la salud mental. Melody cree que puede manipular los acontecimientos, cree -a pies juntillas- que no existen consecuencias, cree en verdad en los mensajes superfluos de su eximia canción y tal vez, esa diva de la habla, la ha devorado.
Sólo quiere fama y dinero, y ya sabemos en qué acaban estas cosas.
Para terminar con el asunto, un ejemplo transcrito de uno de los momentos más absurdos de su intervención, envuelto de mal gusto y demasiados delirios de grandeza. Una niña hablando con ella misma, inventándose su propia realidad:
Me llama Lady Gaga y me dice, ¿eh gaguita cómo estás soso? y ella me dice: Hello, Diva. Yo la noto muy alterada, yo la digo ¿qué te pasa a ti? Eurovisión. Digo: qué pasa con Eurovisión. ¿Tú cómo estás, Melody? Yo digo: yo estoy tranquila, tú sabes Gaga cómo va la cosa, los artistas siempre salimos cardaos, mi arma. Digo: pero yo estoy muy bien, contenta con mi actuación, mis piruetas, mi body que era una fantasía, y tú, ¿cómo estás? Dice: yo, decepcionada, ¿cómo que decepcionada? Melody, eso de los puntos, eso, eso ¿qué es lo que es? Digo pero ¿qué pasa Gaga? Tranquilízate y ¿tú sabes lo que me ha dicho, la Gaga? No os vayáis a reír pero es verdad, ¿eh? Me dice: me he aprendido unas palabras para ti. Digo: sí, ¿qué te has aprendido? Dise: pásate los puntos por el choco. Digo: el choco ¿qué es? El choco, dice: no, ¡el ñoco! Ale ahí, pues vale Gaga, pues así ganemos, pues madre mía.
Sin mucho análisis podríamos identificar a Lady Gaga como el sueño ideal de lo que Melody nunca será y la misma Melody como una ilusión de la cantante real. Un diálogo platónico sobre el narcisismo conversando con sí mismo. Un desbarajuste de una pobreza extrema.

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