FELIPE TALO Y LA PSICOGENEALOGÍA HERMAFRODITA
¿Por qué eres así?, ¿por qué soy así?, ¿cómo es el Yo cuando el Yo desaparece? Lejos del ego, a una distancia infinita, aparece la pintura de este artista hispano-filipino asentado en las tierras de Hofmannsthal, exponiendo en una galería belga. El ser actual se ha perdido en el laberinto del algoritmo y sólo los que caminan con pies de gato por el hilo invisible de la Edad de Oro, pueden viajar hacia la identidad original, a un dios interior que en ocasiones, puede ser terrorífico. Encontrarnos con el monstruo y hacerle frente es seguramente la única solución para acceder a la lucidez, a un nuevo color, a una nueva forma: Paradise. Ir a toda hostia y pegarse de bruces con el Nirvana. Cuando uno se enfrenta a la muerte en el sueño, intentar atravesarla es la única manera de comprenderla. Desde hace más de una década, Talo exhibe una metafísica plástica muy personal que ha crecido -en espirales vibratorias- desde el negro hacia el amarillo, del amarillo al azul y de este último a un blanco que, en realidad, es todos los demás. Ambos extremos. La cola y el pelo. Lo grotesco. La bella y la bestia. El cuerpo como una puerta a los demás cuerpos, a todos los fantasmas, a ser todo. Sentir todo. Al árbol sagrado. La rama dorada. Lo cuál nos lleva al hermafrodito griego que descansa tumbado en el Louvre, en el Hermitage, en Roma y en el prado al mismo tiempo. Lo simultáneo ocurriendo. La pintura ocurriendo. El sueño pinta. La mente pinta. Al final Leonardo va a tener algo de razón. Imaginen un cañón fosforito lanzando aventuras, creando mundos. El pasado sólo es un capítulo sin recorrer. La pintura quiere escapar del cuadro, del mundo, no se resiste a quedarse en la tela. Quiere ser superficie y gruta, falo y cáliz. Talo y Manila. Una Edad de Oro completa. Gintong Panahon. Una constelación hipnótica. Algo hermoso. Pintura.
Lo mejor: el tripi visual
Lo peor: que la expo no dure el año entero



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