FRANCESC ROSELLÓ Y LA INFLUENCIA
¿Qué se puede decir de la pintura del señor Roselló? Pues que le gusta fumar, emborracharse, la pintura figurativa de mal gusto, los amaneceres de resaca, la estética urbana, las calaveras, los tatuajes, los fantasmas, copiar a Bonnard, copiar a Antonio Ligabue (a veces con saña y sin mentarlo), copiar al Bosco, a Brueghel el Viejo, a August Macke (a lo bestia) y a veces a Picasso (quién no). El señor Roselló es un pintor español de unos 30 años que pinta inspirado en el soso de Ben Sledsens, fijándose en el ilustrativo Peter Doig o apoyándose en el aburridísimo David Hockney. Su pintura es un patrón desde la época de Pérez Villalta (por poner un referente), o sea, que es el heredero tardío de un tipo de figuración burguesa nacida en la Transición (si aún se pueden mencionar estas cosas de forma seria), un tipo de pintura que hoy puede funcionar en el mercado por la abundancia de comodones y escépticos, inexistentes hace medio siglo. Por lo tanto, esta pintura es una especie de oportunismo estético lanzado hacia un mundo banalizado por la música y las drogas, una sociedad adicta al trabajo que busca la evasión en lo vulgar, en lo efímero. Así como fue la pintura de Martin van Heemskerck, Rober Campin o Nicolaes Maes, por no mencionar, en otras latitudes, a Henri Rousseau, la obra de Roselló se encuentra atrapada en lo manido, en lo petite bourgeoisie, en el mito de la falsa juventud y en el regodeo del vacío. Hay tantos artistas parecidos a él que nadie podría decir que es mallorquín; le gustan las flores, pasear por el campo, revivir mitos artísticos. Paseando por su obra vemos logos, carreteras lejanas, naturalezas indolentes, jóvenes perdidos. Los seres que habitan sus cuadros son entes aburridos, desencantados, drogadictos funcionales. La locura parece racionalizarse como su pintura, una estética medida, muy influida por lo anglosajón, lo vintage (falso), muy cercano al somnífero cine de Wes Anderson. Arte orfidálico para una época en la que las ciudades están llenos de estos zombis llenos de fantasías, que aún creen que en el humo habita cierto tipo de pensamiento, cerebral en este caso. Este artista-mix que encarna lo más osado de una cultura postmoderna ya enterrada, vive en todo caso los miedos y crueldades que todo artista ha sufrido rn todas las épocas y reacciona ante ello de la manera que se le ocurre. El arte es un azar, una casualidad de combinaciones que va cambiando en virtud de la honestidad y de la consciencia. Sigamos observando la deriva de este tipo de artistas cuyos cuadros contienen una minúscula realidad aumentada inoculada por el sibilino Capitalismo que hoy gobierna las mentes en forma de aire. Un fantasma recorre el mundo y no es el Comunismo.
Lo mejor: vive en una isla llena de alemanes
Lo peor: pintura MTV


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