PEDRO VALLÍN O LA NEURONA PULVERIZADA
Imaginemos un ser que confunde el arte con la religión, el liberalismo con la libertad; pongamos que es cronista parlamentario reconvertido en predicador o gurú. Imaginemos un friki sin alma lleno de complejos, un escéptico alucinado, director de un festival de cine. No se trata de un cinéfilo sino de un idólatra, de un fanático racionalista estéril, pomposo. Una pena. Se dice antiplatónico y le jode que personajes como Barthes, antes de su muerte, confesasen su creencia en el misterio. Imaginemos un acomplejado de educación católica, un resentido progresista lleno de miedos ridículos; muy del primer mundo.Confunde al artista con el artesano pues él sólo ve la superficie. Sólo respeta al artista adinerado, al exitoso, o sea, a nada. Escuchándole, parece que todos los artistas respetables son ricos. Cree que el arte es un producto y no un fenómeno. Analiza todo en clave económica; se hace pajas con los libros de Adam Smith. Se trata de un auténtico sin vergüenza, un pagado de la cultura anglosajona, lector inveterado de Umberto Eco, a estas alturas le irrita el conflicto de los niveles culturales. Él quiere que todo sea igual, todo sea mierda, flujo monetario. Nada. Habla de la revolución industrial como de una bendición, olvidando la corrupción y desigualdad que produce aún. Lee libros de divulgación. Repite teorías banales que suenan bien. Estereotipos. No entiende Holy Motors, una de las películas más adelantadas a su tiempo. Alaba el sistema Norteamericano describiéndolo como autogestionado, cuando lo que quiere decir y calla, es que se basa en el fascismo y en el genocidio, ¿por qué disculpa la violencia del barbarismo y la mística?, ¿no es EEUU el país más fanático de la Tierra? Imaginemos a un tío que se ha creído la versión de John Ford, ¿notan ya la respiración reaccionario de un progre de libro de espíritu neoliberal? Los extremos se tocan. Dice que decoración y coleccionismo son cosas idénticas. Lo resume todo con la sociedad de clases. No entiende qué significa el kitsch; se ha quedado atrapado en un paisaje político de la peor calaña, es prisionero de una peli de Wes Anderson; en su caso, la edad es una enfermedad terminal. Dice que los yankis son más listos pues diferencian entre artesanía y arte, alaba los oscars y los define como democráticos, no entiende la cuestión del valor. Sólo ve el dinero. Es un mal lector, ¿por qué sólo habla de pintura pop cuando pone ejemplos artísticos? Cree que todo es pop. Todo lo demás ya no vale. Él es pop esponja. Cuando hay pop ya no hay stop. Sólo vive en el presente y sólo acepta los libros que le dan la razón. Cree ser un bienpensante. Lo es. Critica el marxismo, es pesimista, incapaz de admitir que los grandes científicos del siglo XX fueron rusos. Para él, el más importante es Benjamin Franklin. Imaginemos a un hombre capitalista que hace chistes eyaculatorios. Cree que la cultura es sólo es ocio, espectáculo, que no sirve como propaganda. No cree en la existencia del comunismo. Su cinismo sobre la libertad del individuo roza la ofensivo. Confunde el lujo con el consumismo, lo aristocrático con lo común. Todos los progres de ley pacifican su alma haciéndose creer que pueden ser los dueños y señores de sus actos y sus pensamientos: son seres presumidos y orgullosos. Clarividentes. Un coñazo. Amante de las apariencias, tiene uno de los festivales más vergonzosos de Europa. Su frivolidad intelectual es demencial, ¿ven cómo cruza la pierna?
Terrible.


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