LEER SUPLEMENTOS
La escena cultural de 2024 comienza igual que siempre: Rodrigo Fresán saca una novela ilegible por lo aburrida, por lo pretenciosamente snob de su propuesta. Se viste de escritor, de estereotipo, cuelga su pose de crítico y se lanza con su mirada a observar al futuro lector. Todos dicen que él es un gran lector, lo que le lleva a ser un gran crítico, pero a la hora de publicar sus narraciones, cae en el pozo. Demasiada consciencia, quizá. Sería mejor que fuese soldador y que escribiese de madrugada la aventura de la chispas y el hierro fundido. Lo peor es que nadie de su entorno se atreve a decirle lo malas que son sus novelas, temerosos de que, desde su oficio periodístico -esa torre de marfil del gusto oficial-, les aplaste o aplique el arte del ninguneo. Los lectores creen en su criterio pero, ¿por eso mismo deben creer en su literatura?, ¿Se cree Fresán Oscar Wilde?
Wilde era muy mal narrador, sólo valía como ensayista.
Luego, cómo no, una publicación de Jon Fosse, ese nobel extraño lleno de polémica, un escritor malísimo encumbrado de la manera más cutre, al igual que lo hicieron con Knausgard. La literatura noruega insiste en sus bestsellers de palo. Adelante. Fosse presenta su poesía: lo más tonto que uno pueda leer; poesía de la experiencia en modo nórdico. Mal. Para rematar, la noticia del nuevo libro pop del popero Jarvis Cocker; un coquito de museo. Para disecarlo. Para acabar, un artículo larguísimo del petulante Cesar Antonio Molina sobre Roma. Innovación de ideas. El artículo aparece ilustrado con unas columnas flexibles, imitaciones infantiles de aquellos hinchables alocados que se ven en algunas películas yankis. Cada una tiene un rostro de emoji. No entiendo la conexión con el artículo. Gratuito. Les gustaban. Por lo demás, artículos sobre editores sacando pecho de lo bien que les va, artistas quejándose de la I. A. y el reportaje de una exposición de Mark Rothko decorada con sílfides de Giacometti. Aparece impreso un cuadro muy bueno del pintor: Remolino lento al borde del mar, una fantasía etérea que recuerda a Matta, de cuando Rothko aún creía en el poder de las presencias.
En las últimas páginas, algo de José Guerrero y su pintura, perdiendo vuelo a cada segundo y cómo no, el artículo de un profesor de literatura celebrando los estúpidos libros de Modiano.
El año empieza como acabó, en un remolino lento al borde del mar... del aburrimiento.
O la escena cultural española (museos, galerías, críticos...) se pone las pilas, o la escena cultural española, con ñ o sin ñ, no será.


Comentarios
Publicar un comentario
TALKING HEADS