KNAUSGARD O EL ESTEREOTIPO VIVIENTE
Karl Ove Knausgard no cree que la muerte sea necesaria. No entiende las culturas que intentan establecer un modo de comunicación con el más allá. Lee mucha divulgación científica; es una especie de religión. Lee por la noche. Sus libros son planos secuencia de un documental imaginario. Escribe como un visionario ateo, aparenta ser un druida. Sin querer, parece un predicador, un cura que quisiese fundar un nuevo cristianismo. Querría ser pintor. Es el rey de los hipsters literarios. Parece un actor de Bergman. Su implícita racionalidad entierra su supuesta irracionalidad.
Muchos jóvenes escritores darían lo que fuera por ser como él, hablar como él, ostentar su éxito. Fumar como él. Hablar como él. Ser tan perfectos.
Knausgard habla lento y elogia la lentitud: un frenético entrevistador inglés de la televisión conversa con él. Knausgard se muestra imperturbable ante la velocidad enfermiza de las preguntas y comentarios de un presentador de programas informativos tan lobotomizado que intenta compararse con el invitado. Se intenta poner a la altura de un artista, pues todo periodista del siglo XXI se cree superior o mejor dicho, se cree un creador. No escucha, sólo dispara palabras. Knausgard asiente o disiente, poniendo aún más nervioso a un tipo que se cree el rey del mundo porque dirige una mierda de telediario en algún lugar del reino anglosajón, protegiendo la idea -en su interior- de que el periodismo es la forma superior de existencia en nuestro mundo.
En otro momento, es entrevistado por una mujer que trabaja para la famosa editorial que le publica las novelas en España; lejos de hacerlo de forma natural, la mujer se siente tan atraída por él que se va derritiendo en una ponzoña de miradas hipnóticas, que acaban hablando de terapéutica y misticismos narrativos de lo más cutre. Knausgard no sabe dónde meterse. A veces se seduce a él mismo. Ella, al acabar la entrevista, tiene la sensación de haber estado hablando con un dios.
Los jóvenes que leen a Knausgard creen que en sus páginas encontrarán las respuestas de si tener o no hijos, de qué es el amor, de si se quedarán calvos de mayores. Los lectores de Knausgard son sectarios e ingenuos.
Knausgard sólo vive el presente y sus gustos se reducen a lo actual.
Es un hombre de actualidad, un personaje de su época.
No le gusta vivir en Suecia pero le encanta donde vive.
Escribe novelas pero le gustaría ser ensayista.
Tiene mil hijos.
Estuvo casado con una poeta.
Un porrón de novelas.
Cincuenta y cinco años.
Lleva botas de cuero.
El pelo cano.
Es el estereotipo de escritor del siglo XXI.


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